LA FAMILIA ("Cuna de la vida y del amor") |
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Las cinco etapas del matrimonio
El matrimonio tiene diferentes etapas por las que va pasando, de acuerdo a la edad, adaptación y crecimiento de los hijos. Desde los primeros tres años de casados que constituyen la primera etapa hasta la última, cuando se afronta la vejez, la pareja se enfrenta ante obstáculos poder, intimidad y comunicación. Estas son las cinco etapas y las situaciones que en cada una se presentan: Primera etapa: "De transición y adaptación temprana”
Es una etapa de aprendizaje en un rol que hasta entonces era desconocido. Hay parejas que se callan y se guardan para sí las inconformidades y desde muy temprano en la relación no logran acuerdos realistas y maduros para manejar los conflictos. Otros discuten fuertemente pero son incapaces de ceder y nunca llegan a soluciones adecuadas. Por lo tanto es una etapa en la que es de suma importancia saber dialogar y negociar adecuadamente los desacuerdos. Una tarea muy importante es la de crear y definir límites con las familias de origen, pues pueden surgir ciertos problemas por la cercanía o distancia que se debe tener hacia los padres y su influencia ante las decisiones de la joven pareja. Los aspectos más importantes para resolver en este período de ajuste son:
Segunda etapa: “De reafirmación como pareja y la experiencia de la paternidad”
En algunos casos puede venir una desilusión y dudas de haber elegido bien al cónyuge. Es muy importante resolver estas dudas y superar los aspectos que han desilusionado para reafirmarse y lograr una estabilidad. Pero en ocasiones la inmadurez, la terquedad y la idealización de lo que se espera de la relación, puede llevar a la infelicidad, y a sentirse insatisfechos. Es en esta etapa donde se da el número más elevado de divorcios. En esta época la mayoría de las parejas se enfrentan a la tarea de ser padres, hecho da grandes satisfacciones, pero también es una etapa de presiones constantes; todo cambia en el hogar cuando llegan los hijos y debe diseñarse una nueva organización. Algunos autores han llamado a este momento “el bache del bebé” y el peor error es centrarse demasiado en ellos y descuidar la relación de pareja. En cuanto a la intimidad, si en la etapa anterior se elaboraron reglas claras y se fomentó la comunicación, se llega a un momento de gran intimidad y satisfacciones. Lo que hay que cuidar es que ante las presiones de los hijos, el trabajo y las demandas de la vida diaria, no inicie un gradual distanciamiento. En el área del poder, se establecen patrones de poder y cómo y quién lo ejerce. Pueden darse tres tipos de relación de poder: 1. La relación simétrica: Es una relación en que ambos cónyuges esperan dar y recibir órdenes. Los cónyuges tienen esencialmente iguales derechos y obligaciones. Este tipo de relación nos puede parecer ideal, pero en la vida real ocasiona problemas de competencia y luchas encubiertas en las que ambos deseen ganar poder. 2. La relación complementaria: Es una relación en la que un miembro predomina y manda y el otro se somete y obedece. Este tipo de relación aumenta al máximo las diferencias, y aunque tiene la ventaja de desarrollar menos competencia, con frecuencia el miembro que se somete acumula enojo y resentimientos, sintiéndose que no es tomado en cuenta y que es poco valorado. 3. La relación paralela: Aquí los esposos alternan entre relaciones simétricas y complementarias de acuerdo a contextos diferentes y situaciones cambiantes. Pueden darse mutuo apoyo y pueden competir sanamente. Este tipo de relación es la más deseable, pues cada uno tiene el poder en ciertas áreas como la administración de la casa y el dinero, las actividades diarias o los eventos cotidianos, cualquiera de los dos puede tomar el poder y decidir. Tercera etapa: “Diferenciación y realización”
Pero también esto puede ser fuente de conflicto al darse un desarrollo desigual en los esposos. La madre, por tener mayores obligaciones con los niños pequeños puede haberse olvidado de cultivar y trabajar en su crecimiento personal y por lo tanto sentirse en desventaja con su esposo, albergando cierto resentimiento que la lleva a formar alianzas con los hijos. Una tarea fundamental en esta etapa es haber logrado la intimidad profunda y madura. Podemos hablar de los “buenos” matrimonios o aquellos que se pueden considerar “insatisfechos”, ya que se han ido alejando gradualmente y no disfrutan de su compañía, sin existir un apoyo mutuo. Respecto a este parámetro, Cuber y Harroff clasifican a las parejas en cinco tipos: 1. El matrimonio habituado al conflicto: Se caracteriza por tener constantes conflictos, pleitos, y se respira un ambiente de gran tensión. Continúan juntos únicamente por los hijos, pero se sienten infelices. 2. El matrimonio desvitalizado: Matrimonios que viven de manera paralela, con intereses y actividades diferentes. Son apáticos y fríos uno con el otro. El conflicto, aunque abiertamente no existe, se encuentra reemplazado por falta de vitalidad y entusiasmo, no comparten metas comunes. 3. El matrimonio que congenia en forma pasiva: Este matrimonio es “placentero” para ambos. Hay un “compartir” en el área de intereses, pero existe también una interacción distante. 4. La relación vital: Esta relación es excitante y satisfactoria, además de extremadamente importante para ambos en una o varias áreas, como la crianza de los hijos, el trabajo, la diversión, etc. Este matrimonio, a pesar de tener conflictos ocasionales, es básicamente una unión satisfactoria y una fuerza estabilizadora en el crecimiento del individuo. 5. El matrimonio total: El grado de acercamiento en este matrimonio es similar al anterior, pero contiene más facetas. En él, todas las actividades son compartidas y el otro es indispensable para todo. Este tipo de relación es rara, pero posible. En esta etapa los cónyuges deben trabajar por lograr un matrimonio con actividades y metas comunes, ser creativos para evitar caer en la rutina y no involucrar a los hijos en las decisiones y conflictos que son únicamente de los esposos. Cuarta etapa: De estabilización
Asimismo existen conflictos en cuanto a la pérdida de atractivo y habilidades físicas, que hacen que personas de esta edad busquen compensaciones con personas más jóvenes y quieran demostrar que aún poseen fuerza y virilidad o feminidad para atraer a personas que consideran atractivas. El poder se puede ver afectado cuando los hijos hacen alguna alianza para poner a uno de los padres en contra del otro para beneficio propio. Quinta etapa: “De enfrentamiento con vejez, soledad y muerte”
Las variaciones de pareja a pareja frente a estos acontecimientos están en función de los valores. Si existió un énfasis valorativo en atractivo o habilidades físicas, la pérdida de estas capacidades representa la principal fuente de estrés. Otras han tenido como valor principal la educación de los hijos y el ser padres, reaccionando de manera intensa a la soledad cuando los hijos se van. En otras parejas la valoración en la esfera del trabajo es excesiva y el estrés principal proviene de eventos como la jubilación y el ser desplazado por personas jóvenes. Cualquiera que sea la fuente de tensión, los cónyuges en este tiempo, tienen mucha necesidad de apoyo y cariño uno del otro. Los conflictos en esta etapa son bastante menos frecuentes; la mayoría de las parejas se han estabilizado en líneas de poder e intimidad. En cuanto a los límites pueden ocurrir dos problemas que se deben cuidar: Se pierde el contacto con el mundo exterior, creándose una situación de aislamiento. O involucrarse excesivamente con las familias de sus hijos y con sus nietos, sin dar independencia y libertad a la nueva pareja.
Adaptado de un artículo escrito por Francisco Castañera para Catholic.net |
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